Aproximación a la estética de la fotografía aérea.
Alberto Jiménez Meléndez
El mundo que aparece ante nuestros ojos en la actual y caótica existencia de las modernas sociedades globales que aún persisten y su inestabilidad virulenta, nos motiva a pensar en futuras respuestas por encontrar, sobre las relaciones humanas y sus espacios de uso y múltiples utilidades
En un marco lleno de teorías e ideologías filosóficas del pensamiento, o simplemente de alguna reflexión que aparezca en la baraja de lo social que llevan a preguntas sobre el pasado, presente y futuro. Pasando por Aristóteles, Jesús, Marx o Nietzsche, y de los amorfos pensadores que escriben hoy, sus tesis en formación, van tomando rumbos y con las apreciaciones propias de la actualidad generan un sin número de preocupaciones que al igual que las del pasado, pasan a la temporalidad del tiempo y espacio donde la materialidad inicial también llevaba a los más curiosos de épocas anteriores a preguntarse sobre la volatilidad y vulnerabilidad del lugar que cohabita el humano. Se presenta aquí una problemática que en este caso la abordaremos desde él mirar y el observar. Desde aquella concepción física que lleva a una transversalidad conceptual de lo que sucede con la acción del ojo y sus alcances materiales. Si nos remontamos a la historia de la humanidad vemos como las formas se moldean y cambian con el tiempo, y los humanos obviamente van al paso del mismo.Pero esta presentación no busca entrar en un debate ontológico sobre el mundo y sus relatividades, lo que busca de manera atenta es preguntarse por la forma de observar del ser humano, en él mundo, desde la acción que finalmente sin querer también caerá en las garras de lo relativo: La fotografía aérea.
El humano aprende a caminar y en ese orden secuencial y temporal en el que se desarrolla la vida, su mirada siempre trata de buscar el norte, el frente o el horizonte, para no chocarse o caer, aunque en esos primeros años de crecimiento, ese pequeño intento de alcanzar la independencia en el caminar genera algún tropiezo en el mismo andar. Entonces se alcanza la posición erguida y la mirada, de los primeros años, sigue siendo la inicial, una mirada horizontal y positivista, que a pesar de los primeros tropiezos no limitan el crecimiento del ser físico en la búsqueda del crecer.
En ese trono de comunicación evolutiva que tiene que ver con la acción del cuerpo y el entorno, una mirada diferente, poco tradicional y menos hegemónica lleva a ver, mirar y observar de manera diferente, lo que ubica al sujeto en otra realidad, una visión diferente que se adhiere por algunos segundos a la percepción del cerebro, ojo y reflexión. El permitirse ver con este tipo de observación, sucede en : la mirada cenital, que nace de la imitación hacia lo natural del vuelo de un pájaro, una extraña naturalidad que el ser humano quiere poseer pero de la que no es dueño absoluto y sí, logra alcanzar algo de su materialidad, tendrá que ser con la ayuda de las máquinas, aquellas que se adjuntaran a la diversidad de dispositivos, que aparecen para extender la visión humana, desde el aire. En ese afán de volar, ver desde el aire y sentir la emoción que genera la ubicación del cuerpo en una altura diferente a su cotidianidad, las máquinas voladoras tripuladas o no hacen y cumplen su función, la de ser ese medium que permiten sentir la sensación del vuelo y además registrarlo; máquinas que por tiempos determinados llevan el ojo humano a esa intención material similar a la que poseen las aves.
Y en el cambiante, denso, caótico, enfermo, viral, bello, único y esperanzador mundo, está la mirada aérea, aquella que gana algún terreno en las vastas planicies de lo conceptual y contemporáneo, pues el ser humano aislado y resilente de las nuevas realidades, que pasan por la frontera, de la distancia personal en relación con el prójimo, aquel de cual hoy debe estar distante. Así los gobiernos y Estados, buscan por medio de la vigilancia y el control, mirar las ciudades desde, << arriba-abajo >>, pues él mundo se debate en la vía de la vida y la muerte, donde una extraña enfermedad, un día apareció y nadie ha podido contenerla, así que solo basta recurrir a herramientas que permitan por lo menos llevar algún tipo de medida para su mitigación. En este caso la ubicación espacial, dada en el observar que tanto o que tan poco las humanidades individuales se entretejen en lo colectivo y en un momento presente de calles vacías, con movimientos inestables, donde el pueblo no se dirige, a donde quiere sino a donde puede.
No se le puede atribuir todo a la pandemia del 2020, pues la mirada cenital y controladora que ofrecen las máquinas no tripuladas como los drones, ya se venían utilizando en múltiples variables de circulación y administración social. A raíz de la nueva decadencia viral, la fotografía aérea, se ha puesto más en boga debido a los sistemas de control que en algunos casos se fortalecen y la toman como una de sus tantas herramientas de poder.
Producto de esta mezcla de situaciones modernas duras y hostiles, pero siempre con la esperanza positiva en la creación de la imagen fotográfica, presentamos está serie de fotografías hechas con la única finalidad de aportar una pizca de evidencia social a la historia de la fotografía latinoamericana y mundial. Una historia que ya tiene varios antecedentes en sus cortos siglos de vida, donde muy cerca de los primeros daguerrotipos también hubo aventureros de la cámara en el aire, al vuelo y donde muchos fotógrafos antes de poder llevar su cuerpo a una función mecanicista de volar, se adhirieron a diversas superficies para poder desde arriba capturar él territorio. Así que después de varios vuelos y años de intento en la búsqueda de la creación y construcción de la imagen aérea, este ensayo, tanto escrito como visual, es solo un destello que espera florecer y a usted lector, jurado, curioso, profesional de la imagen, lo acerca a una visión diversa que produce varias maneras de repensar el territorio.
Algunas imágenes provienen de la exigencia diaria del convivir en un medio cultural llamado fotografía, otras son producto de una búsqueda profunda, de algo que va más allá de cualquier noción, que no se puede explicar tan fácilmente, por que si hay algo que contenga la fotografía aérea es que desde la visión artística, hay un extenso abanico de exploración que abre sus alas al vuelo que se despliega al encuentro de las maniobras que pueden registrar algo especifico e imaginativo y en ocasiones abstracto, de hecho esto ultimo parece ser un eje fundamental de la estética fotográfica aérea pues la imagen que se logra desde el aire abarca espacios totales que se ciñen a un patrón lineal y orgánico que desde las alturas del terreno configuran formas únicas, poco figurativas. Así, la mirada aérea es distinta y aunque siga ciertos patrones establecidos en formas organizativas se puede prever que en el mundo del arte y la expresión personal, es dueña de una esencia novedosa; así el paisaje este cimentado en el lugar terreo, por muchos siglos anteriores.
Es tal la manera de la apropiación del espacio y tiempo, que ejerce la fotografía aérea, que en ella aparece cierto –aura–, un concepto del que hablo Walter Benjamin, en sus textos de estética de la imagen, que se introdujo en los modernos estudios culturales. En la idea de entender aquello del –aura–. Una noción algo compleja de comprender debido a la relatividad que aparece en los compendios modernos sociales, donde la estética de la imagen es analizada día a día, de la cual se escriben aún teorías que aportan y cuestionan su sustancia teórica y practica, como en la que inclusive puede caer este texto.
En el libro de : “La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica” Benjamin, enuncia << ¿Qué es propiamente el aura? Un entretejido muy especial de espacio y tiempo: aparecimiento unico de una lejania, por más cercana que pueda estar>>.
Si analizamos con detenimiento la cita de Benjamin, se puede ver la complejidad del asunto en cuestión, –el aura– no es un concepto que se debe tomar a la ligera y dar una reflexión momentánea o superficial, de lo que se cree contiene o es. Esa idealización de lo auratico, en la obra de arte, hace que el concepto viaje más allá, de la idea que presenta el autor y es que la fotografía aérea, está permeada de este criterio, pues en ella convergen el paisaje y el espacio temporal, que posee el lugar de la toma que se presenta o se manifiesta en diversas situaciones donde se encuentra una pluralidad de terrenos y momentos capturados por el tiempo especifico de un vuelo determinado por la máquina y su operador humano o artista.
El aura de la fotografía aérea, se puede dar en dos vías, una de aquello resultante del vuelo y la toma: la imagen capturada, justo en el momento del ejercicio fotográfico aéreo y por otro lado en la atracción mediática que sucede a raíz del marco teórico y técnico en el que sucede la acción. Es la novedad de la mirada aérea hecha por medio de un dispositivo tecnológico la que permite su funcionalidad activa y latente en las sociedades post-fotográficas. Se podría hablar de un aura mercantil que aparece en el espacio donde juegan las marcas que buscan ser las más consumidas en el intercambio económico, social y contemporáneo presente allí. En esa jauría de lo monetario se busca en el uso de la publicidad y el mercadeo la forma de atraer a nuevos y experimentados usuarios de este campo de trabajo. Entonces la distancia de la que habla Benjamin, no solo se encuentra en la apreciación del espiíritu sobre la línea que se ve en la altura de las montañas, que además aparece en el acto atrayente y abstracto que se configura en la compra de los productos tecnológicos que se evidencian por su nivel de uso, que después conllevaran a un nivel mecánico que al final logra acercar a esa primera –aura– reveladora del espacio y el paisaje.
Ese halo enigmático que el artista interpreta y le hace preguntar por la función y expresión de la imagen sobre la tierra, hablando de las imágenes que están latentes al ojo del espectador, hacen revivir la investigación antropológica de entender la fotografía; para ser más concretos la fotografía aérea. En esa variadas mezclas de intentar llegar al origen de esta noción, hay una presencia diferente, –aerofotografía– aclarando que ya de por sí, es muy complejo encontrar algo diferente en el saturado e hipercomunicado mundo de las imágenes.
En los inicios de fotografía aérea, solo unos pocos aventureros de la imagen, la podían hacer, ya fuera por temas logísticos o por su alta condición monetaria que se desprendía de la necesidad de insumos aeronáuticos que para el siglo XIX, eran altos.
La actualidad ha cambiado en algo, pues ahora el acceso a los dispositivos fotográficos, que contienen los drones son de fácil acceso y se han masificado así, como se han aumentado las estructuras visuales que se desprenden de la estética relacional por la que se comunican las imágenes aerofotográficas: Redes sociales.
Por eso en un mundo distinto, esta fotografía es algo diferente o novedosa, aunque tienda a caer en el discurso normal y visual, que las masas contemplan y vuelven como natural. Así, que el fotógrafo de esta categoria, –aerofotógrafo–. Debe buscar algo nuevo, siempre. Ese algo, que no se sabe a ciencia cierta que es, cuando se despega la mirada, aparece en lo emotivo del ver, por que aunque la aerofotografía, sea una concepción de planificación, debido a los riesgos que se corren en el navegar aéreo, siempre va a ser motivador desprender los ojos de la base del suelo y salir del molde usual que existe en las superficies del mismo, con la mirada tradicional u horizontal.
Así, que el aire sera el lienzo de la captura y tendrá un soporte inspirador: el terreno o territorio, el pincel pasara a ser la operación de una máquina, grande o pequeña, costosa o no, al fin y al cabo, una máquina, que como en la fotografía de base, estará hecha para que un artista, la lleve en la línea expresiva de una acción que nunca cambiara –arriba o abajo– sera la idea de capturar una fracción del tiempo en un trozo del espacio, que pedirá ciertos permisos a la majestuosidad del aire, aquel que vacío codiciado que permitirá al final la bella acción del disparo.
Allí, arriba amaneceres, atardeceres, calles, gente, vegetación, concreto, parajes densos y desolados, luces, sombras, líneas y abstracción, algunas veces con mayor definición en unos que otros, serán los momentos-eventos-sucesos, que el aerofotógrafo tendrá por alcanzar.
Quedara, el pensar que se dispone a hacer con el archivo resultante de tan codiciada toma, pues como se anhela el vuelo, se espera la imagen y más aún cuando se permite con ella análisis estratégicos o hay alguna proyección con el mensaje capturado.
Así, que surgen varias dudas, sobre lo que se espera con este tipo de mirada y accionar, pues en la dialéctica criticá y reflexiva, del pensar en la misma imagen como medio de nociones facultativas para la critica ya sea en el arte o de la misma sociedad, aparecen rasgos de complejidades mayores, pues se sabe y hay evidencias que estas máquinas del aire, acarrean consigo una carga en otro bando de la acción: lo militar. Ataques a bases contrarias del originador del avance, han sido perpetrados así, que como creadora de momentos para la retina del mundo –fotografías–, también el dron y sus lentes protésicos irrumpen en el disparo no propiamente fotográfico.
Entonces el arte, debe equilibrar la balanza y llevar al pensamiento de la humanidad, estás máquinas voladoras y sus relaciones de una manera distinta. Fiel a esa idea es nuestra propuesta y se espera que la finalidad de cada imagen que se hace en la expresión y creación fotográfica, se vista en función de una ideología positiva sobre el mundo, en lo nuevo, pasado, presente y futuro.
Para citar este texto : Jiménez Meléndez Alberto. Arriba y Abajo. Aproximación a la estética de la fotografía aérea. (pp. 1-4), Bogotá. 2020. En www.aerofotografo.com


En los inicios de fotografía aérea, solo unos pocos aventureros de la imagen, la podían hacer, ya fuera por temas logísticos o por su alta condición monetaria que se desprendía de la necesidad de insumos aeronáuticos que para el siglo XIX, eran altos.