Al norte de Colombia, en la geografía del país y en una de sus más famosas zonas caribeñas, se encuentra el departamento del Magdalena, con la capital Santa Marta, una ciudad en constante crecimiento gracias a su turismo masificado y el diverso ritmo cultural, propio de un lugar paradisiaco donde el mar y la playa hacen gala de sus días soleados.
Muy cerca de allí, a solo unos 10 minutos en carro o transporte público, se encuentra la playa del (Rodadero), un pequeño balneario samario, donde existe la oferta hotelera más concurrida de la región. Este famoso paisaje, es tal vez una de las de mayor visita de la zona y en todas las épocas del año está en el radar de propios nacionales y extranjeros que llegan procedentes de diferentes países del mundo.
Otro lugar fantástico que acompaña este articulo e ilustra con fotografías, es la playa de (Taganga) que, saliendo de la ciudad de Santa Marta, a unos 20 minutos de su centro histórico, es un lugar muy visitado de esta zona del caribe colombiano; una playa ideal para observar otro tipo de paisaje cuando se está cerca de la región samaria.


Cuando la luz del día tiende a desaparecer y dejar en la noche su manto alterno que cubre el resto de las horas, llamamos a ese momento: el ocaso, esa increíble hora del atardecer en la cual la luz adquiere un matiz especial propio de la época del año y el lugar en el que se observe o se pueda apreciar.
Esa magnífica luz, con su poética visual y ensoñador poder colorido junto a su fugaz magia efímera queda en la memoria de aquel que la recibe, muchas veces esta luz dura tan solo unos pocos segundos, los cuales bastan para enaltecer la mirada en aquellos fugaces instantes. Cada experiencia dada con el ocaso, es única y cada ser humano que lo observa y siente, procesa su propia percepción acorde a su estado de ánimo o fuerza lumínica que el evento, emana.

Este texto está acompañado por las fotografías de las playas del Rodadero en Santa Marta y Taganga; las luces que atraviesan el lugar en las horas del ocaso empiezan a insinuarse a eso de las 5:30 pm y pueden llegar en algunas épocas del año hasta las 6 pm, con algunos minutos más.
Su luz es imperiosa y fascinante marcada por rojos, amarillos y naranjas imponentes que se mezclan con las sombras propias de las barreras físicas en relación con la luz, de las montañas y el mar allí, presentes.
Su luz es imperiosa y fascinante marcada por rojos, amarillos y naranjas imponentes que se mezclan con las sombras propias de las barreras físicas en relación con la luz, de las montañas y el mar allí, presentes.
No siempre los ocasos, son rutilantes o visibles desde el color, o la luz, pues su percepción, varía dependiendo de las condiciones climatológicas. En Taganga, la luz acompaña la fotografía con un suave tono azul, sutil y pausado.
Estas luces viven, existen y acompañan a visitantes y turistas al terminar su día, con azules fríos que permanecen en la retina del espectador. Posiblemente en otros momentos del año cambian a los ya acostumbrados naranjas fértiles que van de la mano con el rey sol.


El ocaso siempre será un concepto fantástico con su luz imperiosa, inspiradora y expresiva, la cual acompañará a los que quieran poseerla de manera única y distinta; el ocaso puede fundirse en la retina del recuerdo y si algún día está en la zona del norte de Colombia, en las playas de Santa Marta y los alrededores, posiblemente se encuentre con una luz mágica e inolvidable que hará de su visita un elemento más, para recordar y querer volver.
El ocaso siempre estará donde usted se encuentre a la hora que él se deje observar, él es un regalo de la naturaleza y nuestra labor es cuidar la vida para que permanezca en nuestra mente y ojo, cada vez que podamos visitarlo o se nos anuncie la llegada del astro noche.
